Sería un día como todos, no voy a decir que tuve un presentimiento, pues nunca he tenido uno. Miré por la ventana de mi habitación, deseé que el frío que ingresaba por las mesquinas rendijas no congelara mi nariz.
Salir de mi casa a tiempo fue todo un reto, pero a pesar de mi demora aún estaba a tiempo de vivir algo que nunca más viviría. El audaz destino se hizo presente en mi camino, cuando llegué a aquel semáforo mi cabeza no pensaba más que en un insistente melodía que había escuchado antes de salir.
Caminé y caminé hasta que fui golpeada y mi cuerpo, en ese instante de trapo, calló varios metros más allá del accidente.
Nunca tuve un presentimiento, nunca nadie vaticinó mi muerte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario