Cómo la sociedad nos ha hecho no sentir, no soñar, no mirar el atardecer, no apreciar la belleza, no detener la monotonía de este sistema de vida, no hacer un descanso, no iniciar un cambio, no mirar más allá de nuestro hombro, no disfrutar la naturaleza, no mirar caer cada gota en un día de Julio, no oír cada sonido con detención, no dejar que esa lágrima recorra nuestra mejilla y caiga mojando nuestro pantalón, no sentir el olor a tierra húmeda, no sentir el sabor a primavera, no disfrutar al pisar una solitaria hoja de Otoño camino a una avenida, no ayudar a quien vemos en aprietos, no ver el vaso medio lleno, no ser felices.
Nos hemos incertado en esta sociedad. No hemos cuestionado sus normas, hemos aceptado cada regla que se nos ha impuesto. Hemos sido arrastrados por la corriente de tal manera que ya es casi imposible retirarse de este juego.
Nos hemos vuelto integrantes de un laberinto que nos ha atrapado y manejado a tal punto que hemos olvidado vivir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario