Me han despojado de todo lo que alguna vez pude poseer. Me han arrebatado la más mínima huella que pudo haber quedado.
La realidad ha golpeado mi puerta, me ha remecido, me ha hecho caer desde mi esperanza.
Un trueno me ha susurrado que ya no debo creer, que aquella tradición no es válida y que, a menos que me endurezca como nadie, pereceré en mi inocencia.
Cada instante me pregunto si vale la pena, si vale la pena sentir, si vale la pena vivir, si vale la pena luchar, si vale la pena amar.
Cada segundo que pasa lo pienso más y más, si es la fe lo que nos mueve, ¿cómo hemos llegado a este abismo?. La respuesta no la tiene el cielo, ni las estrellas a las que les pedimos deseos, no la tienen los dioses en quienes nos apoyamos, ni la sociedad a la cual culpamos. Si tuviera esa medular respuesta no estaría aquí cavilando sobre el destino.
Me han despojado de todo lo que alguna vez pude poseer. Me han arrebatado de la manera más abrupta la fe... la esperanza. Me han quitado una característica majestuosa: creer en la humanidad.
martes, 7 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)