sábado, 21 de marzo de 2009

Enero en la locura

Es la segunda semana de Enero, no se con certeza si es miércoles o jueves, solo se que el sol calienta más fuerte que nunca en este nuevo año.
Han sido unas solitarias vacaciones, como el solitario año que ya se ha ido y como ha sido hace mucho tiempo ya mi solitaria vida. Un par de amigos que ya he olvidado, una pequeña familia que se absorbe por el trabajo y un hostil ambiente que trato de evitar encerrándome en mi habitación o en mis sueños y fantasías, de las cuales vivos. Este es el escenario en el cual se desarrolla mi monótona vida, con mínimas interacciones con el mundo exterior, el cual cada vez se hace más daño y me daña a mí.

Hace dos o tres días mostraban en algún noticiario televisivo, luego de la sección de crímenes y antes del deporte, un nuevo conflicto protagonizado por la potencia-capitalista: "Tensión política y económica entre EEUU y Europa", decía el titular. Nadie ha revelado las causas del asunto, sin embargo creo que ninguno de los bandos tiene la intención de dialogar. Sin duda esta situación nos influirá a todos, va a subir el petróleo, el pan, las paltas, la vida, nueva crisis se avecina y ¿por qué?, quizá si Dios sabe. El punto es que todo lo que estas potencias mundiales osen hacer no nos es indiferente y eso es una de las cosas que más detesto de la sociedad, odio que seamos tan tercermundistas. A pesar de que avancemos y nos esforcemos, muy jaguares de Latinoamérica podemos ser, pero seguimos dependiendo de EEUU.

La vida ha sido normal, no salgo, no me relaciono con el resto, con suerte me relaciono conmigo misma. Continúo con esa estúpida ilusión de que algo que me saque de la rutina suceda, tan típico suena y tan típico es. Sin embargo se que es lo que nos mueve a insistir en vivir, esa esperanza de que la magia está tres calles más abajo y aún no la logramos descubrir, quizá eso es lo que me motiva a no tirar todo por la borda, en realidad lo poco que tengo.
Si bien las cosas en un casi 0,5% de las veces se dan como queremos, es de esperar que tenga esa rabia, esa ira y esa frustración porque vivo esperando vivir a mi manera y hacer las cosas de esa misma forma. Como toda adolescente no hay minuto que no desee lograr u obtener algo, y aquí vuelvo a esa esperanza de encontrar la magia tres calles más abajo, probablemente cuado viva mi bienvenida realidad toda mi magia muera, mis deseos y sueños, y tan solo conserve los típicos anhelos de ser alguien, estudiar y tener plata. Plata, plata, plata… ¿para qué?, eso no tiene importancia siempre surgirá alguna necesidad, quizá sea el auto nuevo, la ropa de marca, la última tecnología electrónica o cualquier cosa que pueda llenar los vacíos sentimentales.
Veo que con el paso del tiempo me he transformado en otra crítica más de la sociedad, sin embargo me veo con las manos atadas, fuera de no aceptar las situaciones no tengo mucho más que hacer. Con la edad he empezado a ver la realidad, he roto rápidamente mi burbuja de niña, y pensar que con mis cortos 17 años no tolero la situación. Mi teoría es que esta edad es la etapa activa, con el pasar del tiempo nos volvemos más dóciles y no vemos otro camino que aceptar lo que sucede y someternos al mercado, al trabajo y a la competencia. Este es nuestro triste destino, que espero algún día pueda ser diferente o lo pueda hacer distinto.

Me pregunto como se ha portado la vida conmigo, creo que es relativo. Subjetivamente, es decir según mi estado psicológico y sentimental puedo decir que ha sido muy injusta, sin embargo en algunos días puedo decir que no me quejo. Básicamente me contesto que ha sido bastante generosa, con básicamente me refiero a lo primordial, incluyendo que tengo buena salud, una familia que me quiere, un par de amigos, educación, dinero suficiente para satisfacer mis necesidades y uno que otro deseo. Pero debo decir que lo básico no es suficiente para ser feliz, una persona simple solo necesita de estos elementos. Yo me considero compleja por lo que necesito de más que una vida “completa” para sentirme bien, a gusto. Necesito de situaciones, de acciones, de actitudes, de gestos, de algo más que lo básico.
Por otro lado, si me cuestiono objetivamente, creo que no ha sido lo peor ni lo mejor, cumplo con lo básico y en el ámbito complejo no ha ido del todo mal, no es lo que podría esperar, pero podría ser peor.
Todas estas preguntas han surgido porque el vasto tiempo libre con el que cuento me ha hecho analizar el presente, el pasado y el futuro, sin embargo no creo que sea lo mejor darle tantas vueltas a los asuntos, sobre todo cuando son del pasado, ya que no vale la pena cuestionarse si las decisiones fueron correctas o no, eso solo logra martirizarse acerca de lo que no se debió hacer y de esta forma se agoniza sin poder hacer a un lado los errores. Lo pasado es pisado y listo, se debe aprender de lo ya hecho, pero no vivir de ello, para algo esta el presente, el ahora, y luego esta el futuro, que si bien es muy importante, no se debe condicionar la vida en función de lo que sucederá. Sucederá lo que sucederá y punto, no hay que darle más importancia.
Creo que una de las grandes preocupaciones de los seres humanos es el futuro, aquello de ahorrar y ahorrar para asegurarse la vida en unos años más. No pienso que eso sea malo pero y ¿si no hubieran unos años más?, seguramente la gente debería darse sus gustos, pero con cierta precaución.


Han transcurrido dos semanas desde el primer anuncio de la gran guerra que azota de manera global, no ha habido suficiente información acerca de lo que ocurre, sin embargo ayer una noticia nos impresionó a todos. En estos días todos los países se han pronunciado como aliados a los distintos bandos y de esta forma han tomado partido de la guerra, cabe decir que la gran mayoría se ha convertido en aliado de EEUU, no se bien si es por esto o por alguna razón que no logro imaginar, la cosa es que Chile se ha pintado de Norteamérica, nuestra nación ha ingresado a esta batalla. Aún no concibo tal asunto, Chile lindo, pequeño país, los neutrales, banderita tricolor. Hemos caído en un pozo sin fondo, que no solo nos va a afectar económicamente, sino que nos afecta directamente tanto como a los gringos, sepa el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo qué nos sucederá.
Sea cual sea la razón no es aceptable, hoy ya ha habido más de 100 concentraciones de protestas, una en cada plaza de Chile. Todos disconformes, pero eso no le interesa al presidente ni a nadie, ni a los diputados y senadores. Políticos de cartón, esa careta del pueblo, esa mueca de “lo ayudaré, yo se que es lo que usted vive”.
Temo por mi país, temo qué nos ocurrirá, qué destrucción habrá, cuánto nos afectará todo. Como son de locos los gringos lo más posible es que jueguen nuevamente con su bombita nuclear, claro somos sus aliados y dudo que la lancen en este extremo del mundo, pero donde sea que caiga matará y destruirá todo lo que halle a su paso, temo por esas posibles víctimas, temo por todo el mundo, por todos los inocentes.


Oscar me gritaba y gritaba, mi hermano con la tele a todo volumen gritaba para que acudiera a su habitación. Tenía puesto el canal siete, había un militar de alto mando dando un aviso de una manera bastante ceremonial y por cadena nacional: Por causa de la reciente integración al conflicto bélico entre EEUU y Europa a nuestro país se le exige un cuerpo de batalla. La razón de este comunicado es que debido a la falta de militares, este servicio se hace inmediatamente obligatorio para todos los hombres chilenos de entre 18 y 27 años, y prontamente a los seleccionados se les dará aviso de su condición como novatos militares.
En resumen todo joven chileno debe temer, inventar excusas o salir rápidamente del país, de lo contrario su futuro corre peligro. Es claro que aquella selección agarrará todo, todo muchacho capaz será capturado y arrastrado a la guerra, y si no es capaz se le dará alguna tarea, pero nadie se librará del infierno
El miedo se apodera de mí. Mi condición de mujer me salva, pero ¿quién salva a mi hermano, a mis amigos, a mis primos?
La escena cada vez se ve más oscura, mis sentimientos no me dejan observar las cosas objetivamente.

Cada día es un martirio, la llegada de cualquier extraño a nuestra casa nos pone los pelos de punta, la incertidumbre nos mata, es una agonía. Mi hermano no sabe que pensar, lo veo inquieto, inseguro, no lo he visto llorar, pero creo haberle visto sus ojitos vidriosos ayer por la tarde, cuando se enteró que dos de sus compañeros han sido llamados a la milicia. Mi madre llora casi todas las noches, aunque lo oculte siempre la oigo, está sumida en la posibilidad de que Oscar sea uno de los elegidos. Mi padre casi no habla, lo noto tenso, rígido y muy preocupado, como nunca lo he visto.
Mi familia se deshace en dudas, es un atado de cabos sueltos, es la inseguridad lo que nos carcome. Yo por mi parte no me he analizado, no he analizado mi situación, es que aún no me pongo en el caso de. No he querido adelantarme, es una suerte de cávala. Muy parecido a no pasar el salero en la mano o tocar tres veces madera.


Mi familia. Me he quejado muchas veces de ella, he estado muy disconforme por la actitud de cada uno de mis pariente, sin embargo nunca he dudado del amor. Las situaciones límites nos hacen pensar en lo que tenemos y en lo que querríamos tener. Como gran analizadora en la que me he convertido he empezado a reflexionar acerca del amor. No el amor de pareja, eso es patraña, me refiero al amor amor, ese amor que no lo pronuncias y quizá tampoco lo demuestras, sin embargo está siempre ahí. Este sentimiento que estoy experimentando ahora es incondicional, existe porque sí, porque te dieron la vida o porque la han compartido enterita contigo. No lo puedes evitar, porque simplemente es parte de ti, no lo creaste ni jamás lo destruirás, ni la más grande de las peleas, sea por dinero, mujeres, amigos, propiedades, o lo que sea, lo borrará, porque es imposible, científica y teológicamente comprobado.
Si bien, ninguno ha sido perfecto al actuar, no hay nada que reprochar. No hay reclamos, tal vez una que otra sugerencia, pero el camino lo hemos realizado bien.
Mi familia es tan convencional como tan bizarra, todos somos diferentes, todos nos amamos o nos odiamos. Mi madre es trabajadora como ella sola, solo las noches las pasa en nuestra casa. Mi padre tiene un bendito horario que no lo deja pasar más que las horas de sueño en nuestro hogar. Mi hermano, un universitario ocupado pero exitoso, y un sensible de alma. Todo lo demuestra, es tan opuesto a mí. Soy casi una ermitaña con un gigantesco escudo, trato de dejar salir lo menos posible. Mi familia cree saber lo que me sucede, pero están tan equivocados, saben una quinta parte de lo que me ocurre. Realmente desearía que entendieran qué pasa por mi mente, por otra parte creo que lo mejor es mantenerlo todo oculto de la vista del resto.
A pesar de la poca interacción con mis progenitores y hermano, siempre hay algún minuto en la mañana o noche para saber si estamos vivos. La verdad es que si se preocupan por mí, a su manera, pero lo hacen. Lástima que no siempre me parezca suficiente, este es una de la incongruencias que detesto de la vida.
La familia nunca te abandona.


Hoy fue el Apocalipsis. La tragedia arribó a nuestra morada. Un militar tocó nuestra puerta, trayendo consigo el acabose total. Preguntó por Oscar, eso fue todo para mí. Conversó con mis padres y con mi hermano brevemente, el motivo era evidente: Oscarito fue llamado al servicio militar en la actual guerra, partía a la preparación en dos semanas.
Qué más para decir. El militar se fue rápidamente, todos quedaron en silencio, yo acudí enseguida para escuchar que había pasado. El único que tuvo el valor de hablar fue Oscar, su voz se oía resignada, como que ya había previsto la situación, supongo que la había imaginado y tenía pensado cómo actuar, el único problema es que eso había sido solo una ilusión, esta era la realidad y todo cambia cuando es verdad.
Dos semanas. Dos semanas para partir con Lucifer, un corto período para vivir libre, a pesar de que estaría prisionero de su temor y de su infortunio.
No había vivido suficiente, eso fue lo que me confesó en la noche, cuando mis padres, luego de llorar y sufrir, habían decidido terminar con ese infernal día de Enero. No es que fuera directo a la guillotina, sin embargo sabemos lo que es la pelea armada, sobre todo para un chico sin experiencia bélica.
En la televisión siguen las noticias del conflicto, ayer fue el segundo bombardeo en Europa, según la información en una zona no poblada, pero de cultivos agrícolas. Tengo la leve sensación de que la información está siendo modificada, en la noticia no hubieron heridos, lo dudo.

Cuántas almas llegaran al cielo en este período, cuántos perderán a sus esposos, hijos, amigos, hermanos, cuántos inocentes no podrán cumplir sus sueños.
El tiempo pasa, pero en mi hogar hemos tratado de olvidar lo que nos sucede, nos hemos aislado del exterior, hace una semana que no veo televisión ni escucho radio. Conversamos mucho, de todo, de política, familia, economía, de la vida. Las cosas han cambiado acá. Una semana le queda a mi hermano. Ninguno lo ha olvidado, pero lo seguimos intentando. Supongo que esta semana recién pasada hemos hecho todo lo que nunca habíamos hecho y siempre debimos hacer. Mis padres trabajan menos, tienen más tiempo para estar con nosotros, en realidad para estar con Oscar.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Alguna vez oí esa canción, la del asaltante. Sorpresas, unas lindas y otras desagradables, en su mayoría de las últimas, pero qué más da, no puedo hacer nada más que tener fe, algo que he dejado de lado hace un tiempo. La desilusión me ha quitado muchas cosas, entre ellas la esperanza y la fe.
En este corto período he vuelto a rezar, quiero reconciliarme. Lo se, es por conveniencia, pero se supone que Dios nos entiende, que nos quiere, o por lo menos eso quiero creer. También deseo constantemente. Hemos vuelto nuevamente a la magia tres calles más abajo, a la magia que también podemos nombrar religión, o como sea.
Quiero creer, eso es todo, quiero que mi hermano esté bien.


Un día. Veinte horas. Trece horas. Cinco horas. Una hora. Quince minutos. Diez segundos y una Van está afuera de mi casa. La agonía no desaparece, solo se hace más intensa. Mi hermano toma su bolso titubeantemente, pero tratando de aparentar tranquilidad. Mi madre se le arroja a sus brazos, sollozando. Ambos lloran, mi padre los abraza. Mis ojos no resisten la escena y luego de empañarse, derraman ríos, pienso en mi hermano en la milicia, no hago más que abrazarlo y decirle que lo amo.
Bocinazos detuvieron nuestro acto, nos obligaron a abrazarlo rápidamente y dejarlo marchar. No he podido quitar de mi mente esa imagen, al verlo en el interior del auto con unos seis pobres chicos, nos miró por la ventanita con sus ojitos hinchados y rojos de tantas emociones. Con su mirada decía todo, nos extrañaría y nosotros a él.
Ese día transcurrió lento, mi madre encerrada en su pieza llorando, yo en la mía pensando y derramando las últimas lágrimas que me quedaban, mi padre en la habitación de mi hermano. Nos dormimos temprano, creo que antes de las ocho de la noche, no comimos en todo el día, el dolor nos había quitado el apetito.
La semana siguiente fue bastante similar, somos unas almas andantes.
Quiero salir de Santiago, escapar de este infierno.


He vuelto a ver televisión, dicen que los heridos y víctimas son cada vez más numerosos. Cruz Roja está haciendo una campaña para ayudar y están reclutando voluntarios, voy a acudir al llamado, creo que la única forma de llenar el vacío que tengo y de persuadir a la impotencia que me provoca ver el sufrimiento. Mañana habrá una reunión a la que asistiré, van a explicar qué necesitan de los voluntarios y de qué forma vamos a ayudar.
Siento la necesidad de hacerme partícipe de esta guerra, al igual que lo está mi hermano. Quiero ayudar a los inocentes, a aquellos que todo este conflicto les está quitando todo, es una forma de sentirme conectada con Oscar, no estamos de la misma forma en el pleito, pero ambos estamos en él.

Asistí a la reunión, fue bastante interesante y me entusiasmaron mucho todas las tareas que los voluntarios deberán hacer. Partiendo por reunir recursos, iremos a cursos de primeros auxilios, informar acerca de lo que realmente ocurre en el campo de batalla, aquellos que tengan preparación ya sea de medicina o enfermería podrán ir a ayudar en terreno y en unos meses más, luego de cierta formación algunos del resto de los voluntarios podrán acudir a zonas de la Cruz Roja para asistir a las víctimas. En realidad esta es la parte que más me emociona, quiero ir a las zonas en que necesitan gente.
De esta forma estoy saciando el sentimiento de ayuda que siempre he tenido y ya no me siento con las manos atadas. Todo esto me ha ayudado en mi estado de ánimo y me ha devuelto algo de esperanza.


Hoy recibimos una corta llamada de Oscar, no hubo saludo, creo que estaban encima de él para que cortara. “Estamos en Arica, donde nos entrenaron y mañana partimos a España, donde debemos combatir. No se cuando vuelva. Los quiero”
No duró más de diez segundos, pero oír su voz consoló a mi madre.
A España a combatir… Quién se hubiese imaginado oírlo hablar de combatir. A él, que siempre fue el más pacífico en sus acciones, el conciliador, quien acudía a la palabra, en este momento se preparaba para matar.
Supongo que esta es la eterna paradoja de la vida, los buenos no son los triunfan, no existe aquella recompensa que te da el cielo por portarte bien y preocuparte por los pobres. Tus acciones te hacen, pero no te dan el pan para comer ni las oportunidades para vivir, solo limpian tu conciencia. Por eso, cada vez que vemos que a quien le ocurren las peores tragedia era un ciudadano ejemplar y todos se lamentan aquello, ya me es indiferente. He interiorizado que nadie nos garantiza la buena vida, y que nadie le garantiza a Oscar llegar a casa.

No hay comentarios: