Tengo una estrella, cada noche que miro por mi ventana está ahí, mirándome de frente.
Comparte cómplices miradas con la Luna, ambas iluminan cada noche, cada misterio y cada deseo.
Mi estrella es la más brillante, la más generosa, la más bella.
Desde aquella posición en el cielo observa sigilosamente cada movimiento, a cada curiosa persona que puebla este extraño planeta. Ella sabe lo que sentimos, puede ver la decadencia de nuestra sociedad, pero también puede ver aquellos corazones esperanzados.
Es mi estrella, una noche, muy tarde, miré por mi ventana. Ahí estaba con su eterno e imponente resplandor, me miró de frente, su luminosidad penetró en mis pupilas, supe que era mía y de muchos más. Supe que había sido cautivada por su naturaleza y que aquella celestial voz me prohibía quitar mis ojos de ella.
¿Quién más posee tal estrella?, dejando de lado que es lo único que me va quedando.
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